Ayer fue mi octava maratón seguida de Sevilla y terminé con un cierto sentimiento agridulce, por un lado, la satisfacción de la marca realizada y en cierta manera disgustado porque tuve muy cerca conseguir un objetivo utópico en estos momentos para mí de 2:40’.

Como cada año disfruto de la maratón. Es una prueba única y épica. Desde varias semanas antes no te la puedes quitar de la cabeza, te absorbe… y eso que hace ya varios años que decidí no preparar específicamente la maratón, que no iba a condicionar mis rutinas de entrenamiento ni mi temporada. Enfoco la maratón como una carrera más y que el asfalto me ponga en mi sitio.

La tarde noche anterior seguí con todas mis rutinas. Dejé todo preparado en el salón y me fui a la cama un poco antes que de costumbre. Sabía que difícilmente podría descansar bien. Puse el despertador a las 4.30…pensaréis que soy un poco exagerado pero ese día no quiero dejar nada a la improvisación. Desayuno, bebo despacio mucha agua, baño, ducha y a las 7:45 en moto al estadio Olímpico. Los miembros del equipo habíamos quedado a las 8.30 en la puerta de siempre, pero desde el guardarropa me quedaba un poco lejos y necesitaba aislarme. Tenía un poco de frío así que decidí no ir. Necesitaba concentrarme para lo que me venía encima, prepararme para la batalla, meterme en carrera. Así que me fui solo a mi cajón de salida.

Por el camino me encuentro con varios conocidos que me preguntan que a cuánto voy a ir… la verdad es que no sabía que contestar. No lo había preparado. Pero me conozco y sabía que no me podía pasar en la primera media y aunque se me disparaba el ritmo conseguí cumplir mi primer objetivo de hacer entorno a 1:20’ en los primeros 21k. Ahora tocaba intentar doblarla.

Sabía que a partir del km 25 viene lo mejor de la maratón para mí. En ese km me espera mi mujer y mis hijos. Paso por mi barrio, cerca de mi trabajo al lado de mi casa. En el 30 vuelvo a ver a mi mujer y mis hijos…hacen que consiga el mejor 5.k del maratón.

También sabía que a partir del 30 viene lo peor. Para mí lo peor es siempre la Palmera. Intenté tener pensamientos positivos, me autoconvencía que la crisis había que pasarla. Empecé a sentir que las fuerzas fallaban, y sensaciones un tanto raras. Tenía la sensación de que durante toda la carrera me hacía pipí y decidí pararme para quitarme esa molestia. Perdí entorno a 1min pero no me importó porque empecé a encontrarme mucho mejor.

Ya sólo quedaba sufrir hasta el final, pero viendo las caras de la gente, ahí sufrimos todos. Empecé a encontrarme corredores muy buenos a ritmos de estar pasándolo mal, lo que me autoconvenció de que iba bien. En el km 40 tuve un  fuerte dolor en el pecho, pero no le di importancia, en navidad me había hecho la prueba de esfuerzo. También tuve sensación de mareo pero a dos km, se llega de cualquier manera.

Entrando en el estadio me sentí fuerte y apreté hasta alcanzar a un corredor que iba por delante. Era la recta final y decidí no adelantarlo. Después de 42km que te adelanten a 100m no me parece deportivo, así que lo cogí de la mano y lo llevé hasta la meta e incluso lo empujé para que quedar delante.

 

Cuando la gente me felicita por la marca del maratón nunca le doy ni le daré la más mínima importancia y no es falsa modestia. Tiene su explicación. Para mí, mi mejor maratón fue la primera. Iba para hacer un tiempo inferior a 3:15′ y me fui casi a 4h. Me sentí mal desde el primer km, en el 20 me paré por primera vez. En todo momento la cabeza me pedía que me retirara, pero el corazón decía un km menos para acabar. No tuve la certeza de conseguirlo hasta que vi el estadio olímpico a lo lejos. Esa noche tuve una fiebre altísima provocada por el sobresfuerzo.

Esa sin duda alguna ha sido mi mejor maratón. Las demás no he sufrido tanto. Por esta razón siempre felicito y felicitaré a todo el que termine, porque la maratón es un reto personal de cada uno, es una batalla contra ti mismo. Es superar tu reto. Es conseguir ser maratoniano.

No quiero dejar de agradecer los constantes ánimos de los componentes del equipo que no corrían, a mi mujer que aguanta cada año el mal humor que tengo la semana antes del maratón, a mis hijos que sufren que no juegue con ellos porque me voy a entrenar…y a todos los del equipo en general que con los constantes mensajes hacéis que me sienta motivado y con ganas para apuntarme a todas las carreras, y lo más importante, terminar pensando en la próxima.

Enhorabuena a todos. Marea flúor en Valencia!!

antonio maratón