El pasado sábado 30 de Mayo, me disponía a afrontar uno de los objetivos (aunque me gusta más llamarle sueños) que me había marcado hace un par de años: finalizar una prueba oficial de Triatlón denominada “Half Ironman”, consistente en cubrir las tres modalidades (natación, bicicleta y carrera) durante 1,9 -90 y 21 kilómetros respectivamente, y hacerlo -eso sí- al menos con dignidad. Toda una osadía si tenemos en cuenta que hace algo más de dos años empezaba a retomar la práctica deportiva habitual (después de haber perdido casi 15 kilos), y que doce meses antes debutaba en este apasionante mundo del Triatlón, en la modalidad “Sprint” (750m-20-5 km), cumpliendo de esta forma otro objetivo/sueño.
Así, y dado que la prueba comenzaría a las 15:30 h., disponía de toda la mañana para preparar con tranquilidad todo el material (ya que al haber escogido Sevilla, no necesitaba viajar ni moverme de casa), y mentalizarme para tan esperado y temido reto: salir a hacer algo de compra por el barrio, preparar el desayuno de mis hijos, tender una lavadora en la azotea…en fin, lo normal que harán todos los triatletas hoy, pensaba.

Finalmente, a las 13:30 salía de casa y a las 14:00 ya estaba todo en su sitio:

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A los pocos minutos, ya iban llegando el resto de amigos que conformamos parte de “Ispossible Team”, dispuestos unos a acompañarnos y animarnos durante la jornada, porque hoy no competían, y otros que sí lo harían, pero que sin duda son en gran medida culpables de que hoy esté describiendo esta experiencia: Iván, Fernando, Chema, Mikel, Felipe, Pedro, Jesús, los hermanos Gallego…todos grandes amigos casi tan buenos deportistas como personas, que ya es ser grandes!!! (perdonad que no nombre a todos, pero sería un exceso y sobre todo un error olvidarme de alguno)
Así que tras dejar todo el material en boxes y la foto de rigor, ya descalzo y con las gafas y el gorro listos para salir a nadar…empezaba el cosquilleo de la barriga y por qué no decirlo, “el acojone” de lo que me esperaba en las próximas horas y una obsesión en la cabeza: ¡lo vas a conseguir!

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No paro de beber agua (y no es sólo por el calor, sino que tengo la boca seca de ansiedad), trato de comer algo ligero antes y de no pensar demasiado en el nivelazo que hay de participantes (es el Campeonato de Andalucía) cuando nos tiramos al agua para probarnos…donde ya no me preocupa tanto como en ocasiones anteriores si cubriré la distancia de nado con dignidad, como hacerlo en un tiempo razonable y no llegar de los últimos…como probablemente sería dado lo poco que me gusta nadar, y por eso es el entrenamiento que más me cuesta (aunque debo reconocer que de nadar un largo de la piscina y asfixiarme hace poco más de un año, a verme hoy aquí, algo he mejorado).
Al final, 15:30 h se da la salida y ya me coloco entre los últimos, pegado a las boyas, y casi comiéndome literalmente la motora de los jueces, para tratar de completar las dos vueltas de que consta el circuito y sobre todo, evitar las patadas y golpes que te llevas si pretendes salir de los primeros…pero esa no es mi batalla. La mía es contra mí mismo, mientras cuento las brazadas para tratar de no pensar en nada, o miro de reojo el paisaje cada vez que saco la cabeza, pero tratando de que pasen el tiempo y los metros lo antes posible, y complete este tramo con suficientes fuerzas para lo que me espera.

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Al llegar al pantalán de la primera vuelta, que hay que subir para lanzarte de nuevo al agua, compruebo que ya voy en el último tramo de nadadores (me lo temía), pero sin embargo me encuentro cada vez mejor y encima –por aquello del postureo- se me ocurre lanzarme al agua al más puro estilo de Michael Phelp, lo que conlleva una contracción innecesaria de mis piernas y los calambres consecuentes de mi nula adaptación a este medio…pero que me ayuda a pensar que voy de puta madre, y que ya me queda muy poco para terminar esta pesadilla que es el agua.

De manera lamentable llego resbalándome a la orilla, y oigo la voz de Mikel (que salió a nadar 4 minutos después de mi porque iba en la categoría de relevos) al que le había dado tiempo a cambiarse, coger el móvil y hacerme un video de mi inigualable salida del agua) dándome ánimos cuando a mí lo que me preocupaba era mi muslo, que parecía que un toro astifino me había partido la femoral…aunque solamente era un susto (sobre todo me preocupaba “romperme” tan pronto –que vergüenza-).
Recomponiendo la figura, salgo mareado buscando en boxes mi querida bicicleta, que afortunadamente a la altura en la que llego, no me cuesta nada localizar porque la mayoría ya están rodando y apenas quedan bicicletas colgando a la espera de sus dueños. “Check-list” mental de material, sobre todo para salir rápido a recuperar el tiempo perdido, y vuelvo a oír las voces de mis compañeros, Iván y Fer, dándome ánimos que hacen que “me venga arriba” como si la prueba acabara de comenzar, y dispuesto a “cazar” a todos los que pueda en los 90 km de carretera que me esperan

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Afortunadamente conozco el recorrido, así que pedaleo con todas mis fuerzas obsesionado en conseguir una buena cadencia, y mantener un promedio de unos 30 km./h que me permita llegar antes de las 22 h. a la meta, que es el tiempo de corte. Me sorprende el fuerte viento durante todo el recorrido, no tanto el calor, que trato de combatir dosificando los bidones con sales minerales, tomando alguna que otra barrita o gominola que me alimente, ya que no quiero quedarme sin fuerzas en la larga jornada que me espera. Entre fuertes rachas de viento, y tratando de pegarme a algún grupo, llego a la temida subida de Salteras, a unos 20 km. desde mi salida y comprobando que llevo un promedio por encima de los 30 km/h…pero el calor es asfixiante!
Se me hace un mundo subir la cuesta, tanto que pienso en bajarme y subirla andando…pero en ese momento una chica me adelanta como Pantani en sus mejores tiempos, y me recuerda mantener mi dignidad encima de la bicicleta, y llegar arriba buscando desarrollos más suaves…pero ya no quedan más que cambiar!
Me doy cuenta en ese momento, que estoy pasando un momento muy malo –ya está aquí la maldita pájara que no quiero ni ver- tanto que empieza a rondar mi cabeza la idea de abandonar, que es una locura y que con este calor me va a dar algo…me duelen los riñones y apenas tengo fuerzas para seguir…pero aprieto los dientes y pienso que me espera una bajada ahora para recuperar, y a ver de lo que soy capaz…
Mi velocidad media –pese a la bajada- empieza a caer, aunque me he podido recuperar y estoy deseando llegar a los 45 km o a “Las Pajanosas”, porque así tendré la mitad hecho…pero se hace interminable: me duele la planta del pie izquierdo a rabiar por el apoyo en el pedal, no sé que postura coger en la bici para que no me duela la espalda, pero aún así hay momentos que disfruto de la carrera, me sorprende el silencio del asfalto cuando le golpea la rueda, y sólo se oye la fuerza del neumático y mi esfuerzo, lo que me permite darme cuenta que en esta zona no golpea el viento…y que cada vez veo menos compañeros a mi alrededor.
Nueva crisis a la altura de la mina de “Cobre Las Cruces”: otro golpe de calor y de falta de fuerzas que trato de combatir con algún gel o barrita, y buscando un repecho que me dé algo de descanso a mis castigadas piernas…no llego a “Las Pajanosas”, pienso. Y nueva tentación de abandonar que me trae a la cabeza esta imagen:

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Pero bueno, pienso que hay que seguir adelante y descubro que parándome y quitándome un momento la zapatilla izquierda, me alivia una barbaridad la molestia del pie izquierdo…así que con fuerzas renovadas por la brevísima parada, empiezo a pedalear de nuevo con fuerza…”en busca de la cadencia perdida” (que por otra parte, ya no volverá).
¡“Las Pajanosas”, por fin…Ahora, tras el avituallamiento, a bajar hasta Sevilla! Pero quedan más de 30 km, las fuerzas van justitas y aunque trato de disfrutar de algunos tramos, ya me duelen los dos pies y no sé dónde meterme en la tercera tentación de abandono que me ronda, mientras me martillea la cabeza la maldita canción de Enrique Iglesias “Ya no puedo más…I can´t wait no more”. Se hace larguísimo el tramo final, y aunque vuelvo a parar una vez más para aliviar el dolor de los pies…veo que mi tiempo en la bicicleta ha bajado a los 26 km/h y el desánimo se apodera de este tramo…pero debo continuar, debo llegar y me preocupa cómo responderán mis piernas cuando me baje de la bicicleta, porque los cuádriceps empiezan a bombear como si tuvieran vida propia…y la ligera subida de la depuradora de San Jerónimo, apenas a 2 km de la meta, se me antoja un verdadero Tourmalet.
Cuando por fin llego a boxes, preocupado de no caerme al sacar los pies de las calas y de mantener el equilibrio, el juez que me recibe me avisa: “date prisa que queda un minuto para el corte”. Eso me da alas para la segunda transición, y tras comprobar al calzarme las zapatillas que mis pies y piernas me siguen manteniendo erguido, comienzo a correr con la obsesión de llegar antes de las 22:00 h., y son las 20:55…por lo que debo hacer la media maratón en dos horas para llegar dentro del tiempo.
Ahora es de nuevo Mikel quien me espera desde la bici para acompañarme y darme de nuevo ánimo, mintiendo como un bellaco diciéndome que me ve muy bien, y hasta yo me lo creo porque voy corriendo a 5´ /km…pero será un espejismo que dure los primeros kilómetros, y las dos vueltas al circuito se me hacen eternas…aunque me sorprende que ¡no me duele nada!, y lo único que tengo son ganas de que pase el tiempo para llegar a la meta, y cubrir un kilómetro detrás de otro.

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Cuando llevo 15, al pasar frente al CEAR de la Cartuja oigo desde la otra orilla del río, ya casi de noche, a mis compañeros del equipo desgañitándose para darme ánimo, les oigo perfectamente y me dan unas fuerzas tremendas para el último tramo de la carrera, tanto que se sorprenden otros corredores diciéndome: “vaya la que te espera, que te tienen las cervezas preparadas”. ¡¡¡Qué grandes son!!!
Me ayuda a completar los últimos kilómetros un viejo amigo del colegio (Modesto) que ha venido a mi encuentro para acompañarme e igualmente me hace mucho más llevadero el tramo final…no me lo puedo creer, voy a conseguirlo, voy a llegar…voy a completar un “medio ironman”, aunque por el tiempo que señala el crono, será más bien un “cuarto y mitad”:

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Es indescriptible la sensación de pisar la alfombra, de sentirte satisfecho de tu esfuerzo y sobre todo de no abandonar nunca, que es lo más fácil. El tiempo es lo de menos ahora, me siento vivo y pienso que si además dispusiera de más tiempo para entrenar, todo sería mucho más fácil. No importa, doy gracias a Dios por haberme dado fuerzas para llegar, y sobre todo las gracias a mis amigos, al equipo tan increíble que formamos, y que –cada uno a su nivel y con sus circunstancias- tanto disfrutamos. ¡¡¡GRACIAS!!!

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