Mi primera vez..entre San Fernando y Cádiz
La verdad es que soy de aquellos que piensan que los acontecimientos importantes en nuestras vidas tienen que contar con elementos que los hagan especiales. Todos soñamos con que nuestra “primera vez” cuente con todos aquellos ingredientes que hagan que saboreemos ese momento el resto de nuestras vidas.
¿Ingredientes?, como en cocina, ahora que tanto se escucha hablar de ella, cada uno tiene sus gustos, pero hay algunos básicos. En primer lugar está/n la/s persona/s, aquella/s que hacen que todo merezca la pena, que te ayudan a llegar a ese momento seguro, preparado y consciente de que la decisión que tomaste hace algunos meses y que conlleva un sacrificio más o menos grande dependerá del objetivo marcado fue la correcta. Aún así no sabrás que es así hasta que el plato llegue a la mesa, cuando a unos metros de la meta aún sigas teniendo ganas de sonreír, en ese momento pensarás “no pain no gain” verás las caras de los “comensales” –público- y sobre todo del “equipo de cocina” –compañeros-, aquellos que te apoyaron durante mucho tiempo y reconocerás que los “los platos” –carreras-, no saben igual si no tienen detrás un esfuerzo, un tiempo necesario de preparación, cuando en la soledad de la “cocina” el “ayudante de cocinero” –runner- ensaya día tras día, hasta encontrar el punto exacto de cocción, la cantidad exacta de sal –un guiño desde aquí a San Fernando- y sobre todo los disfrutas y saboreas con ellos.
En ese ingrediente llamado persona/s está Iván, el “chef” –coach-, todos queremos ser como él. Sus mejores “platos”, logrados a base de esfuerzo y dedicación son nuestra meta. Pero lo mejor de Iván no son sus “platos”, lo mejor de él es que es un gran maestro, una gran persona “pa comérselo con papas” como diría Anita y no hay nada mejor que eso para tomarlo como referencia. Sin él mi primera vez quizás no hubiera sido tan especial. Pero también están las ayudantes de cocina, Ana, que desde muy temprano ya anda ya metida entre fogones y Reyes, que ahora que ha superado su lesión demostrará de lo que es capaz, todos somos parte de este equipo y piezas fundamentales de este engranaje que ahora llamamos alta cocina –running-, sin vosotras esto tampoco hubiera sido lo mismo.
Pero también están esas otras persona/s que llevas en la mente y el corazón, aquellas que hacen que seas como eres y que te pegan el empujoncito necesario cuando algunos días prefieres quedarte en la cama, cuando prefieres ver una peli en casa, cuando piensas en abandonar…sin ellas ni esto ni nada sería posible.
Por otro lado está el lugar, nada como un marco incomparable para hacer de mi primera vez algo que recordaré el resto de mi vida. No pude elegir mejor “cocina” para mi estreno. Destaca especialmente en ella el brillo plateado de una tacita, aquella que en adelante se usará como unidad de medida para próximos “platos”…-Málaga sabrá a espeto y Valencia a paella, pero está claro que nuestros próximos “platos”, llevarán una, dos o quién sabe si más tacitas de ese ingrediente mágico al que ya soy/somos adictos-.
Por último el momento. Intentas que no haya ningún agente externo que estropee aquello que llevas tanto tiempo preparando. No olvidaré aquellas reuniones en las que preguntaba al chef Iván cada detalle que hiciera que ese día todo fuera perfecto, no quería dejar nada a la improvisación, esas cosas no suelen salir bien y cualquier fallo podría dar al traste con meses de entrenamiento.
Y en el momento de mi estreno, el azar quiso que se uniera Pedro, otro “chef” con el que además comparto profesión. Llegó en el momento adecuado. Mientras se calentaban los fogones y todo se impregnaba de olor a mar y salina, -en plena carrera- las conversaciones derivaron a concursos de arquitectura, a la resolución de los encuentros con las medianeras, a informes periciales…el ayudante de cocina, aspirante a cocinero, andaba concentrado, pensando en aquellos proyectos en las salinas ,en los esteros, elaborados para las clases de proyectos durante la carrera, escuchando como buen alumno, valorando que entrar en la conversación podría hacerle perder energía de cara al objetivo; sólo los que ya disponen de experiencia y siendo hombres es mucho decir, pueden hacer varias cosas a la vez, cocinar y conversar.
Así que sin darme cuenta el plato estaba casi listo, sólo quedaba sonreír, levantar las manos y saborear el placer del reto conseguido porque todo “is possible”, si te lo propones, sólo requiere esfuerzo y dedicación.
Quería que mi primera vez fuera especial y lo fue, contaba con todos los ingredientes necesarios… la recordaré para siempre. Viva Cádiz, oeee.

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